One life, one chance,
vaticina el tatuaje de ese transeúnte
que avanza apuntándome
con su profética pierna derecha,
inevitablemente pienso
en la frase con la que James
inauguró esta libreta
y felizmente crédula decido,
en un ejercicio de mística inducida,
tomarlo como una señal,
por mucho que el lomo
de este mismo cuaderno apunte,
a modo de advertencia,
Editions du Desastre.
viernes, abril 23, 2010
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