Sonríes
con los ojos cerrados
y el pecho extendido,
sobre esa galaxia que hace un instante
aún bailaba para mí,
por mí,
desnudo como una bienvenida,
y sigo sin entender cómo llegaste,
porqué me besas,
sólo te observo atenta
por si en el movimiento acompasado
estuviera la respuesta,
mientras las soluciones a otras preguntas
se acumulan en los estantes.
Preguntaste quien era y no supe qué decir,
quien era, decías,
recogiendo mis palabras en tu lengua,
y me vi como si por primera vez
me desvistiera ante un extraño,
con la candidez que te asalta
cuando reparas en lo obvio.
Dejé que ocurriera sin pensarme rota,
sin considerarme apenas recuperada
de los años y las losas,
sin dar crédito a unos sesos
cansados de devanarse a sí mismos,
fundida en blanco contigo,
devota,
porque no quise, no quiero,
nunca querré,
que seas tú mi próximo golpe.
viernes, junio 18, 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
4 ronroneos:
qué difícil vivir sin hacer daño
bs
Al menos en el fondo siempre tememos a lo extraño, pero nos imanta, nos seduce por extraño y ni dudamos en seguir caminando hacia ello, ¡que extraño!
Muy buena, felicitaciones!!
saludos desde otra parte de nuestro mundo!
me encanta el dominio del lenguaje y los tiempos, precioso marta, de veras, un abrazo a ti y a richar
me ha gustado mucho lo de "el pecho extendido"
:)
un beso Marta!
Publicar un comentario en la entrada