A estas horas de la vida
queda un regusto metálico
de fin de fiesta adolescente,
la impresión
de no haber acertado el peinado,
la conversación, el conjunto;
la despedida.
A estas horas de la tarde
la amenaza pende insoportable,
mañana es esa bola de pelo
en la garganta,
zumba la nevera y
los oídos cierran por vergüenza
ajena.
3 ronroneos:
será un gusto compartir contigo la lectura el jueves en el Tapas y Fotos. Nos vemos!Un abrazo
Marina
un gusto conocerte...
"...los oídos cierran por vergüenza ajena."
Wow!
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